La regulación emocional en líderes se entrena en situaciones muy concretas, muchas veces en medio de la presión cotidiana.
Recibes un correo que interpretas como una agresión. Aparece un nudo en el estómago y, casi de inmediato, surge el impulso de responder. Lo haces y, después, cuando vuelves a leer el mensaje, descubres que quizá ni siquiera habías entendido bien lo que decía.
Eso nos ha pasado prácticamente a todos.
El impulso reactivo aparece porque nuestro sistema responde rápidamente ante aquello que interpreta como una amenaza. Esa reacción cumple una función y no va a desaparecer. Lo que sí podemos aprender es a detectarla y, una vez que la detectamos, evitar actuar inmediatamente desde ella.
Ese es uno de los puntos de partida para entrenar la regulación emocional en contextos de liderazgo.
Notar y no hacer: un microhábito para regular la respuesta
Hay un microhábito que utilizamos en Tindala llamado “notar y no hacer”.
La primera parte consiste en notar el impulso. La segunda implica no responder automáticamente durante ese pequeño instante.
Si durante una reunión alguien dice algo que interpreto como un ataque, el impulso de defenderme, contestar con dureza o subir el tono puede aparecer antes de que haya tenido tiempo de entender del todo lo que está ocurriendo. El impulso ya está ahí. La cuestión es qué hago con él.
Cuando consigo reconocerlo antes de actuar, puedo dejar que disminuya parte de la activación y recuperar suficiente perspectiva para elegir una mejor respuesta.
Esto importa especialmente en posiciones de dirección porque, bajo presión, seguimos tomando decisiones. Seguimos interpretando información, escuchando, conversando con otras personas y actuando sobre el negocio.
La regulación emocional forma parte de la infraestructura desde la que decidimos.
Regular emociones bajo presión
Los entornos directivos exigen velocidad, productividad y resultados. La presión forma parte de esa realidad y acompaña buena parte de las decisiones importantes.
Aprender a dirigir dentro de esa presión exige desarrollar la capacidad de reconocer cuándo nuestro sistema se está activando y qué efecto puede tener esa activación sobre nuestra forma de interpretar lo que ocurre.
La diferencia entre reaccionar y decidir puede durar apenas unos segundos.
Cuando aparece una sensación de amenaza, puede estrecharse nuestra atención y disminuir nuestra capacidad para considerar alternativas, escuchar con apertura o mantener una perspectiva amplia. Seguimos funcionando, aunque podemos hacerlo desde un estado mucho más reactivo.
Por eso, entrenar regulación emocional no significa reducir la intensidad del trabajo. Significa poder recuperar suficiente espacio interno para responder con mejor criterio dentro de esa intensidad.
La regulación emocional como capacidad directiva
Conocer técnicas de liderazgo ayuda. También importa el estado desde el que esas técnicas se ejecutan.
Ahí es donde la regulación emocional adquiere relevancia como capacidad directiva.
Una persona que dirige seguirá sintiendo enojo, frustración, presión o incertidumbre. El entrenamiento consiste en reconocer qué está ocurriendo dentro de ella y evitar que ese estado determine automáticamente la respuesta.
Esto puede ocurrir durante una reunión, ante una objeción, en una conversación difícil o frente a un correo que activa una reacción inmediata.
La práctica ocurre dentro de la situación real.
Tres respiraciones antes de responder
La respiración es otra herramienta sencilla para entrenar regulación emocional bajo presión.
Puede utilizarse antes de una conversación difícil, frente a un equipo complicado o antes de responder un mensaje que sabemos que puede generar conflicto.
Tres respiraciones pueden modificar el estado desde el que respondemos.
La práctica consiste en respirar por la nariz, de manera completa, permitiendo que se expandan el abdomen, el tórax y los costados. No requiere cerrar los ojos, salir de la situación ni interrumpir lo que estamos haciendo.
Lo importante es el efecto que buscamos generar: reducir suficiente activación para recuperar espacio entre el impulso y la respuesta.
Ese espacio puede cambiar una conversación y también una decisión.
¿Cómo se entrena la regulación emocional en el día a día?
La regulación emocional se entrena precisamente cuando aparece el impulso.
Cuando llega el correo que nos molesta. Cuando alguien cuestiona una decisión. Cuando sentimos que una conversación está escalando. Cuando nuestro sistema nos pide responder inmediatamente.
Ahí aparece la oportunidad de práctica.
Reconocer lo que se activa. Observar el impulso. Esperar unos segundos. Regular el estado. Y después decidir qué respuesta necesita realmente la situación.
Con el tiempo, esa práctica empieza a cambiar la forma en que una persona dirige bajo presión. La presión seguirá existiendo. La capacidad de responder desde un estado menos reactivo sí puede entrenarse.
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