EL PROBLEMA
Cuando la presión se vuelve constante, el sistema nervioso toma el mando: actuamos desde el instinto, no desde el criterio.
Los días se llenan de reuniones, correos y crisis.
Atención dispersa, conversaciones interrumpidas, decisiones sin pausa.
El modo supervivencia mantiene a flote la operación, pero nos aleja de la lucidez y el vínculo que sostienen la verdadera dirección.

















